martes, agosto 29, 2006
Gabriela: clavo y canela - 10 ago 2006
Gabriela: clavo y canela [1]
Maria Gabriela de Oliveira Rodrigues tiene 27 años, una sonrisa encantadora, un cuerpo de 175 cm y una belleza que expresan sensualidad al mejor estilo brasilero, parece una Sonia Braga en sus mejores días. Amable, culta, descomplicada y cariñosa como dificilmente se consigue hoy en este mundo globalizado y casquivano. Aunque es periodista, trabaja en una compañía de comercio exterior que suministra equipos a la industria sucroalcoholera mundial. Llegó de Ribeirão Preto en el interior del estado de SP a las 3 am del domingo 30 de julio en un "ónibus" de la compañía Cometa a la Terminal de buses Tieté en la Gran São Paulo . Hugo y yo la fuimos a esperar para emprender juntos el viaje que nos llevaría por las cumbres de los Andes a tierras de Incas: Ecuador y Perú. Los termómetros marcaban 10ºC y caía una pertinaz y fina llovizna, endiabladamente fría, (garoa, se le llama aquí a eso).
Nos saludamos con un abrazo, yo con un mal portugués, ella con un mejor español, y abordamos el taxi que nos condujo por la autopista Ayrton Senna hasta el aeropuerto de Guarulhos en donde mes tarde tomamos el vuelo # 027 de TACA con destino final Guayaquil. Su certificado de vacuna contra la malaria debió ser revalidado en las oficinas dispuestas para tal fin en el Terminal aéreo, tomamos café, intercambiamos dinero, firmamos documentos, hicimos los trámites de inmigración, esperamos el tiempo reglamentario, y a las 6:05 emprendimos el vuelo, acomodados en las sillas A, B y C de la fila 8 en un cómodo y moderno Airbus A320.
Por la hora de salida, ninguno de los tres había dormido, así que fue poca la charla previa a un sueño leve y muchas veces interrumpido por las aeromozas que insistentemente y en voz muy alta, ofrecían comida para la venta - $US 5 por un sándwich de queso o de pollo – y artículos "duty free", ya que esta compañía no ofrece comida gratis en sus vuelos, lo cual hace que para menguar la pena, se la pasen todo el tiempo ofreciendo bebidas baratas a lo largo del pasillo, con lo que además, impiden el normal desplazamiento que es tan necesario en vuelos de 5 horas o más.
En la escala en Lima, entramos a una tienda de artesanías muy peruana, en donde Gabriela dejó al descubierto una de sus grandes debilidades: el chocolate. Descubrió un stand de muestras gratis y con picardía me invitó a degustar, cosa que hice con agrado propio y suficiencia contagiada. Ya unidos en la picardía y algo retrazados en el abordaje del próximo vuelo, caminamos apresurados y riéndonos buscando la puerta de embarque # 28 a donde llegamos y encontramos a Hugo, haciendo la fila por nosotros.
La llegada a Guayaquil, traía las expectativas propias generadas por mi anterior experiencia allí dos meses atrás, cuando por no tener un documento llamado: pasado judicial , que expiden las autoridades colombianas y que solo es exigido a mis connacionales, fui deportado sin formula de juicio apenas pisé suelo ecuatoriano, haciendo que viajara 36 horas seguidas entre Brasil, Panamá, Ecuador y viceversa. El agente de inmigración pidió el ya recién expedido documento, lo miró con desdén y me dio una fría bienvenida a su patria.
En el aeropuerto de Guayaquil nos esperaba un microbús que dispuso el hotel Howard Johnson en donde nos registramos y en donde descansamos unas horas antes de ir al Malecon del río Guayas a tomar cerveza, luego al Mall del Sol a comer. Allí descubrimos que Gabriela es vegetariana, lo que quizá contribuye a que tenga inmejorable figura y salud envidiable. Aunque hace muecas cuando Hugo y Yo pedimos carnes y pescados, resulta graciosa y hasta contagiosa la forma de asumir su cultura alimentaria: comió una "deliciosa" ensalada de palmitos y zanahoria.
Durante los 4 días que compartimos, supe que tiene un labrador negro de dos meses que llamó Shiva, como el dios hindú, que vive en unión libre con su novio Henrique, un apuesto y enorme joven publicista, de quien dice estar muy enamorada. Le hice saber mi impresión acerca de que los hombres "bonitos" son gays y los hombres "grandes" son bobos, ella rió con fruición y en amable desacuerdo. Nos hizo probar comida vegetariana, nos hizo reír, nos hizo admirar su forma de hablar, de reír, de comportarse con clientes y personas en general. Su encanto es contagioso, su sonrisa es angelical, su aura es celestial. Y así, entre trabajar, cenar, ir a cine a ver una horrorosa película de Quentin Tarantino que jamás repetiré, viajar y correr entre aeropuertos y salas de espera, nos despedimos con un cálido y sincero abrazo en la puerta # 9 de la Terminal Tieté desde donde otro "ónibus" la llevaría a su natal Ribeirão Preto a continuar su agradable y tranquila vida, y en donde Henrique probará una vez más no ser bobo ni gay, y de paso prueba también que mi definición tiene algunas muy escasas excepciones, y mucho de sana envidia.
Gabriela pues, es una mujer maravillosa, que la vida me dio la oportunidad de conocer, de compartir con ella sus ideas sobre la vida y de admirar la frescura de su verde vivir.
Boa tarde.
[1] Novela escrita en 1958 por el escritor brasilero Jorge Amado (Bahia 1912 – 2001)
Un partido de fútbol de Brasil..... en Brasil - 27 jun 2006
El fútbol es un fenómeno mundial. Durante una copa del mundo, gran parte de éste se paraliza. En Brasil esto es una pasión, una religión. Todo el mundo se dedica a esto. Durante los partidos en que juega Brasil, algunas empresas no trabajan, y las que lo hacen, trabajan a media máquina. Durante el partido todo es alegría. En esta oficina, los muchachos trajeron carne, cerveza, utensilios y prepararán un asado mientras ven el partido.
Mi Jefe no vino a trabajar, organizó una fiesta en su casa, invitó a parte de nosotros; habrá comida y bebida.
El partido es Brasil-Republica de Ghana que participan en la definicón del campeón en este mundial en Alemania. A los 5 minutos Ronaldo marca un gol. Hay gritos, euforia, saltan, ríen, se alegran. La carne (picanha) empieza a oler bien. La avenida paulista está completamente vacía. Los restaurantes están llenos. En todos hay TV y en todos, sin excepción, se ve el partido. Hace sol, aunque hace frío: 16°C.
Termina el partido, la euforia no es como se esperaba por cuanto el rival no es de la altura que amerita un equipo como Brasil, pero el triunfo abre la posibilidad de una celebración el próximo sábado, cuando se enfrentará a Francia o España, rivales mas dignos para tan encumbrado seleccionado.
La avenida paulista va retornando a su habitual ritmo, se ven carros coloridos y personas que irradian felicidad. No habrá más trabajo, la gente seguirá bebiendo, comiendo, divirtiéndose y esperando el sábado con ansiedad. Si Brasil gana, como espera medio mundo, por ser sábado, por la calidad del contendor y por el avance que representa hacia la obtención del título mundial, habrá locura colectiva. Sino, habrá……., no sé que habrá. Lo comentaré cuando suceda.
Boa tarde
De Cali a São Paulo - 18 jun 2006
Cuando me había sentado en la silla C de la fila 16, lo vi. Entró cabizbajo, nadie lo saludó. Tenía traje negro sin corbata y camisa azul clara a rayas. Con torpeza acomodó su maleta de abordo en el portamaletas y en sus piernas, el portafolios de lona que portaba. Discutió con un pasajero que supuestamente había ocupado su silla, no le dio la razón, entonces se sentó en la silla J, estaba reclamando la K. Una azafata que vino a atender su llamado, dirimió el asunto y le entregó a Horacio Serpa la silla K como decía su pasabordo. Me sentía incómodo ante tan peligroso personaje, entonces aprovechando que mi silla tenía un problema en el mecanismo de inclinación, solicité cambio y fui asignado a la fila 8, unos metros distante del peligro. Y no es una ironía acusarlo de peligroso, ya que un personaje como ese, que le ha causado tanto daño al país, que tiene poco más de 40 millones de colombianos, pues me imagino que puede hacerle cualquier cosa a uno, más aún a 13 mil metros de altura y sin tener hacia donde correr. Me mal-acomodé en la nueva ubicación y dormí igualmente mal durante largos períodos de esas 6 horas largas y nostálgicas ya que emprendía un periplo con retorno y objetivos inciertos. Durante el trayecto, fui dos veces al baño, por lo cual debí pasar por la zona de peligro de la fila 16, lo que hice con extremo cuidado y tomando fuertemente los pocos dólares que constituían mi capital itinerante. Afortunadamente y quizá en razón a mi experiencia de viajero y al hecho de estar alerta, no fui atracado. Casi no leí, la nostalgia, el frio, el peligro inminente y el olvido, al dejar el libro del momento - El Elogio de la lentitud - en la maleta que fuera despachada como equipaje, me impidieron ocupar el poco tiempo libre en tan enriquecedora y relajante actividad. El viaje fue preciso, 6 horas; siendo las 5 am aterrizamos en el aeropuerto Guarulhos de la ciudad de São Paulo. Horacio no se bajó aquí, al parecer huye hacia Río de Janeiro o hacia algún paraje cercano en donde rumiará su estruendosa derrota y pedirá perdón por haber enterrado al partido libelar colombiano, del que, dicho sea de paso, no se llorará su muerte prematura. Solo queda la satisfacción de ver a personajes de tal laya viviendo las mismas peripecias que un paisano común y corriente, como es él, sólo que la vida le dió un cuarto de hora que desaprovechó ante los ojos de todo el mundo.
Hacía menos frío del esperado. Quien habría de recogerme, se retardó, por lo que hube de estar poco más de 1 hora deambulando por tan concurrida edificación, pagué el equivalente a 5 mil pesos por un café horrible y una microdonna que apenas calmaron mi ansiedad. Hablé con una linda chica colombiana que venía a visitar a su novio médico quien estudia una especialización y quien igualmente llegó tarde. No supe su nombre, no me pareció decente hacer ese tipo de preguntas a una chica que está a solo unos minutos de fornicar en un sexo alocado y aventurero: buen polvo para ellos.
Y así, a las 9 am estaba instalado en un apartamento muy pequeño en el 9º piso de un edificio sobre la Alameda Campinhas en el sector Jardín Paulista, a sólo dos cuadras de la famosísima Avenida Paulista sobre la estación Trianon de la línea de metro. Paso los días trabajando relajadamente, las noches pensando y durmiendo y esperando una nueva oportunidad para hacer algo productivo en bien de mi propia alma y que sirva de solaz para mis amigos.
Boa tarde
El inicio
En adelante entonces, podrán conocer de mis caprichos, de mis ideas, de mi pensamiento y de cuanta basura crea conveniente exponer para beneplácito d emis amigos y para escozor de mis malquerientes.
Un abrazo y bienvenidos a esta experiencia cibernética.