miércoles, noviembre 15, 2006
HABLAR ……….. ESCRIBIR - Nov 16 2006
Desde que el homo erectus hiciera su tránsito fuera de cavernas y madrigueras, y mucho antes, cuando se empieza a agrupar en pequeñas sociedades tribales, la primera forma de comunicación fue la oral, es decir, lo primero que aprendió el hombre fue a HABLAR, y no ha parado desde entonces, cada vez lo hace con mayor fruición, con mayor intemperancia y desparpajo, con mayor confianza y arrogancia, lo hace en varios idiomas, en nuevas lenguas, en dialectos, en jerigonzas, en claves.
Así mismo, lo último que el hombre aprendió fue a ESCRIBIR, es decir, la humanidad quedó dividida en dos, prehistoria e historia. La primera se considera antes de que se inventara la escritura por lo que la documentación es precaria y se basa más en teorías que de cuando en cuando se revalúan. La segunda en cambio, tiene su fundamento en la escritura, en todas sus formas, desde la cuneiforme, criptográfica y otras, hasta la escrita en alfabetos, de los cuales el grecolatino es el más difundido hasta nuestros tiempos.
Uno podría decir entonces que hablar es de seres primarios (primates u homo erectus) y que escribir, es de seres avanzados, hombres modernos o más desarrollados. Y la clasificación trae su "veneno", ya que de lo que se trata es de clasificar en estos tiempos a aquellos que prefieren hablar a escribir. Pero no solo hablar, me refiero a aquellos que hablan cualquier cosa, que hablan a toda hora, que hablan estupideces, que hablan fuera de tiempo y de lugar.
Alguien dijo que uno se demora como dos años en aprender a hablar y toda una vida en aprender a callar. Pues eso es lo que me molesta de algunos, que no saben callar, y no me refiero a los secretos, a la mal llamada diplomacia o la casi inexistente prudencia, me refiero a aquellos impertinentes que hablan a toda hora, que no respetan el ensimismamiento de los demás, que son como simios "garlando", despidiendo sonidos, a veces ininteligibles, cuando uno menos lo desea.
No se porqué razón siempre me encuentro con este tipo de personajes: en el cine, en un museo, en un avión, en un bus, en un taxi, en una fila de banco, en una sala de espera, de cualquier espera. Preguntan pendejadas, preguntan lo que uno no sabe, preguntan lo que ellos ya saben, preguntan y se responden, preguntan y cuando uno les responde no creen en la respuesta, preguntan y no esperan las respuestas, los detesto, me fastidian. Es que no están preguntando, están simplemente: hablando, expresándose de manera primaria, son homo erectus.
Es difícil encontrar alguien que tenga cosas interesantes de que hablar. Ahora solo se habla de fútbol o de televisión. Pero sobre fútbol escribiré en otra ocasión.
He aprendido a valorar el comportamiento de mi profesor de Física II en el Alma Mater, Jorge Hernán Hoyos, Ingeniero Civil, bastante particular y medio loco. Cuando alguien le hacía una pregunta estúpida, se quedaba mirándolo unos eternos 3 minutos, captando la atención de todos, y continuaba la clase sin responderle, eso era majestuoso, brillante, original. El torpe estudiante, además de odiar a Hoyos por el escarnio y a mí por celebrarlo, se ponía a estudiar y por supuesto no volvía a preguntar, con lo cual aumentaba su aprendizaje y fastidiaba menos al grupo y al maestro, aunque a un tipo así, esas clases de inteligencia le duran poco, son casos perdidos, el estado no debería invertir un peso en ellos. Repito, no preguntan, quieren hablar y creen que es inteligente preguntar pendejadas.
Contrario a lo anterior, si hay algo que ofenda a un homo erectus moderno es que tenga que escribir algo. Lo observa uno en los hoteles al registrarse, en los vuelos internacionales al tener que llenar la planilla de inmigración, en los bancos al hacer un documento, en cualquier parte al hacer una reclamación. Si las reclamaciones al estado fueran orales, habría millones, pero como son escritas, hay solamente miles. Tengo un amigo a quien insulté un día porque le tocaba hacer una carta y me pidió que se la hiciera, le dije que había estudiado para no se secretaria de nadie inferior a mi, bueno, la verdad no fui cortes, pero como la cortesía es la mayor y más miserable de las falsedades, no me martirizo por ello.
Una persona no tiene vergüenza de su voz, del tono o del lenguaje que usa, hablará tanto como se le permita, pero la mayoría de las personas se avergüenzan de su letra. Para escribir hay que estudiar, para hablar solo hay que respirar, bueno, algunos ni siquiera respiran por el deseo de hablar tanta mierda. Pero no solo aprender a escribir basta para escribir, hay que saber otras cositas, hay que ser cuidadoso en el uso del lenguaje, de la sintaxis, de la morfología, del retruécano, del polisíndeton, del hipérbaton y de la hipérbole, de la metáfora y del sarcasmo, y de tantas otras figuras retóricas que conforman la escritura que vale la pena ser leída.
La esperanza pues, es que con la difusión de los procesadores de texto, del Internet, del correo electrónico, etc., podamos encontrar cada vez más personas que se preocupen un poco por escribir y menos por hablar, que nos dejen tranquilos, que no nos maltraten con sus peroratas monotemáticas, con sus lamentaciones sobre el clima, la política o la pobreza, con sus reclamaciones a Dios y a todos los Santos, con sus letanías letales, que la garganta disfruta más un buen vino o un buen cigarro, que la voz cantando se aprovecha mejor, ah, y porque la lengua hay que reservarla para aquellos días en que otros apéndices empiezan a fallar.
Boa Tarde.
Sao Paulo, 16 noviembre 2006, 14:40 - Primavera
